
Año 2008
Unos meses después del último palo con Jaime, empecé a salir con Jose, un chaval increíble con el que tuve un año de relación. Bueno, casi, porque 9 días antes de hacer el año me dejó. Y conste que fue un tesoro de niño, pero lo que no puede ser.... Aún no recuerdo cómo, pero a la noche siguiente de dejarme Jose ya me estaba viendo con Jaime.
Sólo nos vimos una vez. Quedamos en encontrarnos por el centro, de ahí fuimos a su casa. Después, cuando me llevaba de vuelta casa, por poco me da un shock traumático.
Como quien no quiere la cosa, me soltó que había sido padre. Las circunstancias eran especiales porque él ya no estaba con la madre del niño cuando se enteró de lo del embarazo. Le iba a sugerir una prueba de paternidad, pero me tuve que quedar a mitad de la frase cuando me pasó una foto del bebé: un calco.
Encima me dice que se ha replanteado muchas cosas y que le gusto y que le gustaría estar conmigo... y yo mientras ya me iba imaginando con canas y un vestido feo a lo madrastra de cenicienta :s
Yo ya a esas alturas, recién salida de una relación demasiado intensa, y aún dolida de los palos de Jaime, estaba que veía borroso, así que le dije que lo sentía pero que no, que no me apetecía nada con nadie.
A los dos meses me volvió a llamar y en un momento determinado de la conversación...
Yo: Es que también he empezado a salir con alguien.
Jaime: Ajá. ¿Quién es?
Yo: Se llama Enrique y estudia derecho.
Jaime: Yo sabía que tú acabarías con alguien importante.
Año 2010
Después de la tarde de té con Jaime, intentaba centrarme en lo que quedaba de mi relación con Enrique. Después de cortar un mes habíamos vuelto con la esperanza de haber retomado la fuerza suficiente para superar los problemas que teníamos. Eso sí, cuando salía los fines de semana veía a Jaime en el bar en el que trabaja.
La cosa se me fue de las manos, la relación con Enrique era un sube y baja continuo, y Jaime me gustaba cada día más. Me daba la sensación de que necesitaba dividirme en dos: Mi corazón estaba en manos de Enrique, era a quién me apetecía abrazar y querer, con quien quería acostarme y levantarme, era con quien compartía la palabra amor. Sin embargo, Jaime me daba la vida, la emoción, lo que ya me faltaba. Lo que me importaba no era el elegir entre uno u otro, era que alguien, que igual que fue Jaime podría haber sido cualquiera, me estaba haciendo dudar, y mucho.
Aún nos quedaba un último cartucho que quemar a Enrique y a mí, nos íbamos de viaje a Londres del jueves santo al siguiente, una semanita lejos de todo que nos prometíamos romántica y reponedora, pero antes iría el lunes santo a ver tronos con Jaime.
Empecemos por el lunes santo. Decir que me lo pasé bien sería quedarme corta. Jaime estuvo un buen rato cogiendo a una niña en brazos, porque la pobre desde el carrito no veía nada, y eso que no la conocía. Luego me presentó a sus amigos y me invitó a cenar, y la verdad es que hacía tiempo que no me reía con tantas ganas. Cuando le acompañé al coche a coger las cosas del trabajo, estuvimos hablando. Me dijo que su vida estaba a punto de cambiar y que no sabía ni lo que haría al día siguiente, cuando le pregunté hasta qué punto le gustaba...
En cuanto el viaje a Londres....
